Alzheimer ***

 

lunes, febrero 26, 2007

El alzheimer puede llevar a una situación desesperada a los familiares y cuidadores

La CEAFA ha pedido que se reflexione sobre el “síndrome del cuidador quemado”

Madrid, 26 febrero 2007 (mpg/AZprensa.com)

La Confederación Española de Familiares de Enfermos de Alzheimer (CEAFA) ha solicitado una reflexión sobre el 'síndrome del cuidador quemado' en los pacientes que padecen esta enfermedad, ya que son estos los que "más sufren las terribles consecuencias de impotencia y soledad a causa de esta enfermedad".

La muerte, a manos de su marido, de una mujer con Alzheimer en San Vicente (Toledo) recientemente, han llevado a CEAFA a pedir públicamente que se analicen las causas que le llevaron al cuidador a "tal situación de desamparo y desesperación" para que optara por "acabar con la vida del ser querido y con la suya propia como consecuencia de la impotencia que siente por no poder hacer nada ante el sufrimiento", según afirmó el presidente de esta entidad, Emilio Marmaneu Moliner, en un comunicado.

El Alzheimer es una enfermedad que padece la persona pero que afecta "de manera muy directa a su entorno familiar", indicó Moliner, por lo que la sociedad y las instituciones públicas están obligadas a ayudar y apoyar a las familias afectadas. Para ello, consideró que este tipo de actos no pueden considerarse como "violencia doméstica o de género", ya que de esta forma se "taparía" la realidad que viven los afectados por el Alzheimer, que también es capaz de "llevar al extremo de la desesperación a quienes los cuidan".

CEAFA representa en la actualidad a más de 70.000 familias de afectados. Esta organización considera que, ante el Alzheimer, el entorno familiar debe poder compartir las tareas del cuidado y asistencia al enfermo y aligerar así "la carga psicológica, física y emocional" que, a su juicio, provoca en el cuidador principal.

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sábado, febrero 24, 2007

Problemas de salud mental en la senectud

Ser anciano y enfermo mental es un binomio marginado que va en alza sin apenas servicios especializados en psiquiatría geriátrica para atenderlos

Las demencias y la enfermedad de Alzheimer son las dos patologías neuropsiquiátricas más comunes en la edad madura, a las que cabe sumar otras como la depresión o la ansiedad. Aunque en la senectud los problemas de salud mental van al alza, el acceso a los servicios especializados es dificultoso para los mayores y, cuando acceden, no siempre encuentran un servicio especial de Psiquiatría Geriátrica.

El envejecimiento podría compararse al cambio climático. Se nos ha echado encima sin haber previsto servicios y estrategias para atender a la población mayor. En España, se calcula que en breve más del 30% de la población rebasará los 65 años y que se convertirá en el país europeo más longevo. La mujer española es, tras la japonesa, la segunda del mundo con una mayor esperanza de vida, que en promedio es de 83 años. Y, a la par que el país envejece, los casos de enfermedades mentales también crecen. A juicio de Ángel Moríñigo Domínguez, médico psiquiatra del Estudio de Psiquiatría , de Sevilla y coautor del libro La salud mental de las personas mayores, resulta llamativo que siendo el de los ancianos «el sector de la población que más crece, sea al que menos servicios se ofrecen. Es importante reivindicar eso. Los mayores deben empezar a hacerlo, porque hay muchos mayores válidos. Y los políticos deben enterarse».

Gran Bretaña es, a este respecto, un país ejemplar. El único de Europa que ha creado la subespecialidad de psicogeriatría. Otros países como los centroeuropeos y los nórdicos también tienen una buena dotación de servicios para los ancianos, pero ninguno de ellos tan especializados como los de Gran Bretaña, explica Moríñigo. En España, los psiquiatras se forman en psiquiatría geriátrica durante los periodos de rotación que incluye su etapa de formación. «Al haber pocos servicios asistenciales, hay pocas oportunidades de formación. Por eso el desarrollo de estas cuestiones debe ir en paralelo», según Moríñigo. Se precisan más servicios asistenciales. El ideal sería crear unidades de psiquiatría geriátrica, pero en España «no hay ni un atisbo de que eso vaya a ser así, porque encarecería los costes de una sanidad que, de por sí, ya es cara», comenta. Pero también sería necesario formar a más psiquiatras, geriatras, médicos de atención primaria, psicólogos, trabajadores sociales y enfermeras especializadas, entre otros profesionales.

Destino: Atención Primaria

La falta de servicios especializados en psiquiatría geriátrica aboca a nuestros ancianos a las consultas de atención primaria. La formación de los médicos de este nivel asistencial es cada vez mejor, pero la realidad se impone. Y, aunque bien formados, tienen sólo unos minutos para atender a cada paciente, cuando los ancianos precisan más tiempo por visita. La masificación de las consultas hace difícil discriminar si se hallan ante un problema leve o grave. Y se puede cometer el error de considerar normal, esto es, propio del proceso de envejecimiento, un proceso que en realidad es patológico.

Ante esta situación, la Sociedad Española de Atención Primaria (SEMERGEN) ha presentado el libro La salud mental de las personas mayores en la atención primaria, que pretende ser un apoyo para los médicos que visitan a estos pacientes. Este texto forma parte de una colección que dirige Víctor Manuel González Rodríguez, médico de familia del equipo de atención primaria de Villoria (Salamanca), miembro del Grupo de Neurología de SEMERGEN y coordinador de toda la colección «Retos en la Salud Mental del siglo XXI en Atención Primaria», patrocinada por Novartis.

«Las enfermedades mentales aumentan en la tercera edad porque en esta etapa concurren enfermedades preexistentes, con unas de nueva aparición y otras muy prevalentes»

«La colección se diseñó con el objetivo de formar a los médicos de atención primaria en patologías emergentes en el área de la salud mental. Todo apunta a que, por el aumento de la población de riesgo (inmigrantes, niños adoptados, personas marginadas, las que sufren maltrato y los cambios en las condiciones de empleo), el porcentaje de consultas atendidas por los profesionales de atención primaria en la esfera de la Salud Mental irá en aumento», explica González Rodríguez. De hecho, Moríñigo apunta que alrededor del 80% de las consultas que se atienden en la primaria son emocionales, aunque este dato varía según los investigadores.

Herencias del pasado

«Las enfermedades mentales aumentan con la tercera edad porque en esta etapa de la vida concurren enfermedades preexistentes, con unas de nueva aparición y otras muy prevalentes», explica Moríñigo. El aumento de la esperanza de vida comporta que se hagan mayores personas con un trastorno mental severo y crónico, como la esquizofrenia, la paranoia y el trastorno bipolar, o personas que hayan padecido una depresión monopolar en la juventud.

Es posible que su enfermedad mental se transforme o se agrave y que, además, se demencien al llegar a la edad geriátrica. Estos pacientes ya van a las consultas psiquiátricas, pero es posible que también vayan a su médico de atención primaria por un problema de hipertensión, diabetes, efectos secundarios de la medicación que toman e, incluso, en algunos casos, aunque cada vez menos, sean institucionalizados.

Alzheimer y demencias

La salud mental de las personas mayores en la atención primaria aborda otras enfermedades psíquicas muy prevalentes en la tercera edad, como la de Alzheimer, las demencias, la depresión o la ansiedad, así como los problemas de la sexualidad en el anciano. El Alzheimer y las demencias son enfermedades neuropsiquiátricas que afectan a la corteza cerebral y que, por lo tanto, no sólo son neurológicas, sino que además tienen síntomas mentales. A la larga pueden generar un gran estrés tanto para el paciente como para la familia y el medio social. «La razón primera por la que el paciente va a una residencia es que resulta muy difícil tener a un paciente agitado en un domicilio, como los de hoy, de 60 metros cuadrados. Lo de menos es la pérdida de memoria, eso le sucede a todo el mundo con la edad y se tolera y suple bien», según Moríñigo.

La sexualidad de las personas mayores es un aspecto de la vida sobre el que existe muy poca literatura médica y del que apenas se habla. ¿Por qué, tan a menudo, se califica a un anciano de viejo verde? Para Moríñigo es un comentario desafortunado. «En la actualidad, la vejez exitosa, libre de discapacidad, es un concepto al que todos aspiramos», dice. En los mayores, la sexualidad es una faceta que se ha ignorado e, incluso, denostado, cuando forma parte de la calidad de vida de las personas y es uno de los indicadores del envejecimiento exitoso. Muchos continúan sexualmente activos más allá de los 60, 70 y 80 años. Otros tienen el handicap de que su pareja ha fallecido y les resulta difícil encontrar un compañero sexual o presentan ciertas disfunciones sexuales. Todos estos son aspectos que no siempre se contemplan ni se exploran. Y el médico de atención primaria debe estar alerta y preguntar por ellos, según Moríñigo.

DEPRESIÓN Y ANSIEDAD

Si ser o no sexualmente activo no tiene una relación con la edad, la depresión tampoco. «Estar deprimido no tiene nada que ver con ser mayor. De hecho, las tasas de depresión mayor son parecidas en todas las etapas de la vida. Es cierto que la viudedad puede influir (cabe recordar que hay más mujeres viudas que hombres viudos). Pero es clave cambiar nuestra mente, empezando por los propios profesionales, y que dejemos de pensar que el anciano tiene un estado depresivo normal, que está solo, aburrido o perdiendo la memoria», explica Moríñigo.

El experto destaca que el individuo puede sufrir depresión mayor, una enfermedad que hay que detectar y tratar y no pensar que es una condición normal de la edad. La ansiedad es también un trastorno mental muy prevalente en personas mayores y en ellas se debe tratar de forma diferente, ya que suelen ser más resistentes a los tratamientos estándar.

Saludos Cordiales

Dr. José Manuel Ferrer Guerra

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viernes, febrero 23, 2007

Un dispositivo mantiene a los enfermos de Alzheimer permanentemente localizados

El sistema permite obtener información sobre la ubicación y movimientos de la persona que porta el dispositivo.

Madrid, 23 febrero 2007 (mpg/AZprensa.com)

El nuevo dispositivo SIMAP, que permite tener continuamente localizado a un paciente de Alzheimer ha unido, en su desarrollo, a la Asociación Nacional del Alzheimer y Alzheimer España, Cruz Roja Española, Tecnocoid y la compañía de telefónica móvil, Vodafone España.

SIMAP significa Sistema Inteligente de Monitorización de Alertas Personales y permite, gracias a un programa de avisos, obtener la información necesaria sobre la ubicación y los movimientos de la persona que porta el dispositivo. SIMAP está dirigido al colectivo de personas con Alzheimer (800.000 en España), a personas afectadas por el deterioro cognitivo, familiares, cuidadores y administraciones.

Este servicio de localización, explicaron sus promotores, fomenta la autonomía personal del paciente y asegura la intervención inmediata ante una crisis personal, social o de salud, además de ofrecer "seguridad para los usuarios y tranquilidad para los familiares".

Existen diferentes formas de acceso para activar el servicio, mediante atención telefónica durante 24 horas los 365 días de año. Además, se puede acceder al sistema que dará la localización del enfermo a través de mensaje de texto (SMS), de mensaje multimedia (MMS) o web.

Por su parte, cada usuario será identificado por un código personal, las personas que deseen saber su paradero deberán facilitar este código y una contraseña que se les proporciona al darse de alta en el sistema. Además, el servicio permite recibir vía SMS y de forma automática, indicaciones en modo de texto acerca de la localización del portador del dispositivo, acceso a áreas peligrosas, batería agotada o el aumento de velocidad.

Las compañías que forman parte del acuerdo han firmado un convenio que permitirá a las personas que se den de alta en el servicio disponer del dispositivo a un precio de 190 euros, mientras que el servicio tiene un coste mensual de 36 Euros.

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jueves, febrero 22, 2007

Para los enfermos de Alzheimer hoy importa más el cariño que las medicinas


El Alzheimer es hoy una de las dolencias más temibles en edades avanzadas, y que exigen más de los cuidadores del paciente. La ha estudiado a fondo el neurólogo José Masdeu Puche, especialista en trastornos de la memoria y de la marcha, actual director de Neurociencias de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra y director del Grupo de Investigación en Neuroimagen de la Federación Mundial de Neurología. A sus 60 años, entre muchas otras cosas, ha sido presidente de la American Society of Neuroimaging y profesor y director del departamento de Neurología del New York Medical College, con nombramientos adicionales de profesor en la New York University School of Medicine y en el Albert Einstein College of Medicine, ambos también en Nueva York.

— ¿Qué esperanza ofrece la medicación a los enfermos de Alzheimer y parkinson? ¿Estamos hablando de que, tras el tratamiento, el cerebro del afectado se quedará tal y como esté o seguirá degenerando más lentamente?

— En el caso del parkinson hay tratamientos que permiten a la persona que tiene un temblor, lentitud de movimientos o falta de equilibrio, mejorarlos. Hay pacientes que vienen con un temblor importante, que no les permitía jugar al tenis y después del tratamiento son capaces de jugar perfectamente. Esto no quiere decir que con el tratamiento la degeneración de células en el cerebro esté restablecida, sino que la sustancia producida por estas células es introducida directamente al cerebro. Por poner un ejemplo, se trata de algo parecido a la insulina en el caso de los diabéticos.

— Y hoy en día ¿es posible la implantación de células madre en un cerebro dañado?

— Esto ya se ha hecho. No con células madre sino con células fetales, y los resultados fueron alteraciones peores que las que los enfermos tenían con la enfermedad original. Han padecido importantes movimientos anormales y han sido incapaces de funcionar como lo hacían antes de la operación. Esto se hizo hace años, ahora no se hace.

— ¿Y en el futuro?

— Se están estudiando opciones más realistas, como la implantación de células madre adultas procedentes del mismo paciente. En esta línea hay datos alentadores, aunque en neurología todavía no tenemos terapias celulares eficaces.

— Cuando un enfermo padece Alzheimer, ¿cuál es la reacción en su familia?

— Yo veo dos formas de afrontar la situación. Si la noticia se recibe como el anuncio de una enfermedad realmente costosa y molesta porque el ser querido pierde la memoria, repetirá muchas veces lo mismo e incluso habrá discusiones por lo que se ha dicho o no, entonces, el peso de la enfermedad será realmente tremendo. Esto es comprensible, porque a menudo la persona mayor ha sido el centro de la familia, ha dirigido a los hijos, etcétera, y ahora no lo puede hacer y encima hay que estar pendiente de ella. Si se le sigue tratando como si no tuviera una enfermedad y se le exige que se siga comportando como lo hacía antes, no le ayudamos, sino que la estamos frustrando. No es que no quiera ocuparse de las cosas o que no preste atención y por eso se le olvidan: es que no puede recordar.

— ¿Y en el caso de no tomárselo como una carga?

— Si se acepta esto como un hecho, se le ayuda en lo posible, en lo que olvida, se le apoya y se le trata con cariño, incluso se disfruta de la presencia de la persona mayor. Al no encontrarse frustrada, es a menudo tan amable y cariñosa como si no tuviese la enfermedad. Pero se les ha de entender y no frustrarles por no hacer cosas que ya no pueden hacer.

— ¿Cuál es la situación del enfermo?

— La parte positiva de esta tremenda enfermedad es que el paciente se da muy poca cuenta de lo que está pasando, a menos que se le eche en cara. En otras enfermedades, como con algunos tipos de cáncer, la persona sufre dolores. Personas con una depresión sufren profundamente, pero con Alzheimer, sobre todo cuando la enfermedad está algo avanzada, no perciben bien lo que está pasando. Incluso tienden a explicar como normales las pérdidas de memoria. Es una especie de defensa natural.

— ¿Puede ser el cariño más importante incluso que las medicinas?

— En este momento, sí. Los tratamientos tienen un valor limitado. Hoy es más importante cómo se trata al paciente que los tratamientos médicos posibles. Si no se le trata bien actuará de forma paranoide, ya que no entiende qué le sucede y, si ve que los de alrededor se enojan con él, él también se enojará con los demás. Esto ocurre si no se entiende la enfermedad. Si se asumen esas limitaciones y se quiere al paciente, haciéndole caricias, etcétera, esa persona no va a sufrir y la familia lo va a llevar mejor, a pesar de lo trágica que es la enfermedad. Como se le da cariño a un niño y no se asume que tenga que hacer un discurso sobre nada, sino que lo queremos como es y aceptamos lo que hace.

— Si tratamos con cariño y de forma adecuada al paciente, ¿puede que la enfermedad vaya más lenta?

— Es difícil decirlo, podría ser. El estrés puede provocar la secreción de sustancias en el cerebro que podrían acelerar la pérdida de neuronas que conlleva esta enfermedad. Sin embargo, todavía no hay evidencia de que sea así.

Saludos Cordiales

Dr. José Manuel Ferrer Guerra

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lunes, febrero 19, 2007

Barrera contra el Alzheimer


Por Agencia EFE

Tomar tres vasos o más de jugo de frutas atenúa el riesgo de desarrollar el mal

Los jugos, de frutas o verduras, pueden ser una excelente barrera para prevenir los embates del mal de Alzheimer, plantea un estudio publicado por la revista The American Journal of Medicine.

Una persona que consuma tres o más vasos de jugo a la semana tiene un 76% menos de posibilidades de desarrollar la enfermedad que la que toma un solo vaso en ese mismo período, según los científicos del Centro Médico de la Universidad de Vanderbilt (Tennessee).

Las conclusiones sobre las bondades de los jugos fueron extraídas de un estudio realizado a 1,836 personas, el cual incluyó un análisis de sus respectivas dietas, así como de las funciones intelectuales cada dos años por un período de diez.

Además, se consideraron factores como el consumo de tabaco, la educación, la actividad física y el consumo de calorías.

Originalmente, los científicos pensaban que el alto consumo de vitaminas antioxidantes (las vitaminas C, E y el carotene) podrían tener un efecto neutralizador del Alzheimer.

Sin embargo, las últimas investigaciones clínicas han echado por tierra esa teoría.

“Nuestra idea era que el componente básico no estaba en las vitaminas, creíamos que había algo más”, señaló el profesor de medicina Qi Dai, quien dirigió la investigación.

Según el científico, la clave podía estar en otro tipo de antioxidantes químicos llamados polifenoles que abundan en los tés, los jugos y los vinos.

La mayoría de los polifenoles puede encontrarse en la piel o cáscara de las verduras y frutas y los últimos estudios en animales han señalado que neutralizan la decadencia intelectual y física típica del envejecimiento.

Dai manifestó que el próximo paso ahora es analizar la sangre de las personas que intervinieron en el estudio para determinar su nivel de polifenoles en relación con su menor declinación intelectual.

No obstante, el científico advirtió que aunque los resultados de su estudio sean promisorios, “es importante que el público en general no se precipite a considerar que el jugo de vegetales es una medida para prevenir la enfermedad”.

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domingo, febrero 11, 2007

La soledad podría duplicar el riesgo de padecer un tipo de demencia asociada al Alzheimer

Los investigadores analizaron la asociación entre la soledad y la enfermedad de Alzheimer en 823 individuos con una edad media de 80 años

Redacción, Madrid (11-2-2007).- La soledad podría duplicar el riesgo de padecer un tipo de demencia asociada a la enfermedad de Alzheimer en años avanzados de la vida, según un estudio del Centro Médico de la Universidad de Rush en Chicago (Estados Unidos) que se publica en la revista Archives of General Psychiatry.

Los participantes pasaron por pruebas que incluían cuestionarios para evaluar la soledad, clasificaciones de demencia y enfermedad de Alzheimer, así como evaluaciones de su razonamiento, aprendizaje y capacidades de memoria, todo ello al inicio del estudio y anualmente durante cuatro años. La soledad fue medida en una escala del uno al cinco en la que las puntuaciones más altas indicaban una mayor soledad. Los datos fueron recopilados entre noviembre del año 2000 y mayo del 2006.

Al inicio del estudio, las puntuaciones medias sobre soledad en los participantes eran del 2,3. Durante el periodo de estudio, 76 individuos que desarrollaron demencia reunieron los criterios de la enfermedad de Alzheimer. El riesgo de desarrollar la enfermedad ascendió aproximadamente un 51 por ciento por cada puntuación de la escala de soledad, de tal manera que una persona con una soledad alta (3,2 puntos) tenía alrededor de 2,1 veces el riesgo de desarrollar enfermedad de Alzheimer que una persona con una baja puntuación (1,4).

Los autores del estudio explican que las autopsias realizadas en los 90 individuos que murieron durante el estudio no mostraron una relación entre la soledad y las características cerebrales de la enfermedad de Alzheimer.

Según los investigadores, los resultados sugieren que la soledad podría contribuir al riesgo de una demencia similar a la enfermedad de Alzheimer en los años avanzados de la vida mediante otro mecanismo diferente al de esta enfermedad y el infarto cerebral.

Los investigadores explican que el mecanismo que subyace al vínculo entre la demencia y la soledad no está claro aunque señalan que los sistemas neurales que subyacen a la conducta social podrían estar menos elaborados en las personas solitarias y, como resultado, ser menos capaces de compensar a otros sistemas neurales deteriorados por un trastorno neurológico asociado a la edad.

http://www.azprensa.com

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domingo, febrero 04, 2007

Las mentes activas pueden mantener el Alzheimer a raya


Un estudio en ratones muestra la primera evidencia biológica para esta teoría

Por Amanda Gardner

Reportero de Healthday

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MARTES 23 de enero (HealthDay News/HispaniCare) -- Por primera vez, los científicos logran demostrar que el aprendizaje reduce la acumulación de placas y ovillos de proteínas en el cerebro, que son la firma de la enfermedad de Alzheimer.

Aunque el estudio se llevó a cabo en ratones, sí refuerza la idea de que, en los humanos, mantener una mente activa podría ayudar a retrasar o hasta incluso prevenir la enfermedad de Alzheimer.

"Esto prueba por primera vez que usar el cerebro puede proteger a una persona físicamente", aseguró Kim Green, coautor principal del estudio e investigador posdoctoral de la Universidad de California en Irvine. "Demostramos que si mantiene su mente activa, esto produce cambios en el cerebro y esos cambios son protectores".

"Es un estudio interesante, y consigue fomentar en parte la hipótesis de que el ejercicio mental tiene un efecto protector contra el Alzheimer", aseguró el Dr. Gary Kennedy, director de psiquiatría geriátrica en el Centro médico Montefiore de la ciudad de Nueva York.

De acuerdo con la Alzheimer's Association, unos 4.5 millones de estadounidenses tienen el trastorno que causa el deterioro del cerebro, un número que se ha más que duplicado desde 1980. Y cada vez más personas sufren ahora de algún impedimento cognitivo, que podría ser un precursor del Alzheimer.

Muchos expertos creen que el Alzheimer se debe a la acumulación sostenida de proteínas que forman placas amiloideas en el cerebro.

Estudios previos ya habían mostrado que el "ejercicio mental" podía retrasar la aparición de la enfermedad, pero esa prueba se daba sólo en forma de la memoria y otras medidas cognitivas.

Los autores de este estudio, que aparece en la edición del 24 de enero del Journal of Neuroscience, querían determinar la existencia de una correlación biológica que explicara esos resultados tan estimulantes.

En el estudio participaron cientos de ratones "transgénicos", es decir que habían sido alterados genéticamente para desarrollar la enfermedad de Alzheimer humana.

A los ratones que estaban en un grupo de "aprendizaje" se les permitía nadar en un tanque de agua hasta que dieran con una plataforma sumergida en la que podían hacer pie. Este entrenamiento tuvo lugar cuatro veces al día durante una semana, a los dos, seis, nueve, 12, 15 y 18 meses de edad. El otro grupo de ratones nadaba solamente una vez en el tanque antes de que sus destrezas en el aprendizaje y la memoria, así como su cerebro, fueran evaluados.

Los ratones de hasta un año de edad que estaban en el grupo de aprendizaje desarrollaron 60 por ciento menos proteínas de las que forman placas y ovillos, en comparación con los ratones que no estaban en el grupo de aprendizaje, hallaron los investigadores.

"El tipo de aprendizaje que enseñamos a los animales era bastante leve, pero aún así tuvo un gran efecto", destacó Green.

Sin embargo, a los 15 meses de edad, los ratones del grupo de aprendizaje experimentaron un declive y en ese momento eran idénticos cognitiva y físicamente a los ratones del grupo de no aprendizaje.

¿Pueden estos hallazgos extrapolarse a los humanos?

"Sí encontramos muchas similitudes, pero los datos clínicos también respaldan lo que comprobamos en este estudio", apuntó Green.

"Creo que es razonable extrapolar", agregó Kennedy. "Ciertamente, la recomendación es mantener la mente activa".

"Creo que el cerebro es una computadora", continuó Kennedy. "El Alzheimer degrada el hardware, y la educación refuerza el software. El cerebro también es un músculo, y mantenerlo en forma podría protegerlo".

Green y sus colegas esperan usar esta información para desarrollar algún día un medicamento para la enfermedad.

"Queremos identificar cómo el aprendizaje influye exactamente en la patología y encontrar un nuevo medicamento para ese objetivo", señaló.

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